Asaltos en bares: ahora le “tocó” a Zulma Alé Café

Actuaron dos delincuentes (uno de ellos armado) que se llevaron la caja registradora. El hecho fue idéntico a lo sucedido la noche anterior en La Pastelería de Gladys

Por segunda vez en menos de 24 horas un conocido local gastronómico fue blanco de la delincuencia en la ciudad de Santa Fe.

El último de los hechos se consumó durante la noche del miércoles en Zulma Alé Café, negocio ubicado en la esquina de Avda. Gral. Paz y Martín Zapata, esto es, en el corazón de barrio Sargento Cabral.

 

 

 

Faltaban unos minutos para las 21 cuando dos individuos ingresaron al citado comercio. Los recién llegados (dos jóvenes de entre 20 a 25 años) vestían con pantalones cortos y zapatillas, remeras deportivas; ambos llevaban gorras y cubrían sus rostros con barbijos.

Uno de ellos sacó a relucir un arma de fuego con la que amenazó a los empleados y a algunos clientes que en ese momento se encontraban en el lugar. Tras advertir a los gritos para que “todos se queden quietos”, el malviviente fue directo al mostrador donde estaba la caja registradora.

Primero amenazó a la encargada y luego forcejeó un poco con la caja hasta que logró sacarla del mueble. Logrado su objetivo ambos ladrones salieron a la calle y emprendieron la fuga a la carrera.

Distintos testigos aseguran que los delincuentes fueron corriendo por Martín Zapata hasta la esquina con Sarmiento donde subieron a una moderna camioneta que los estaba esperando. Un vecino apuntó que en el trayecto los maleantes realizaron un disparo al aire.

Como se puede ver el asalto es casi una copia fiel de lo sucedido la noche anterior en La Pastelería de Gladys, negocio ubicado en bulevar Gálvez y Necochea.  Atento a ese detalle no está fuera de lugar pensar que quienes cometieron sendos golpes fueron los mismos delincuentes.

“Nadie nos protege”
“La sensación que a uno le queda después de algo así es horrible. Sentís todo el peso de la impunidad con la que se mueven estos tipos”, dijo Roberto, titular del negocio asaltado, en diálogo con El Litoral.

“Es todo una locura. Los tipos entraron en pleno horario de trabajo, había algunas mesas con clientes. No tuvieron ningún problema en sacar un arma de fuego y apuntarle a la empleada que, pobrecita, aún no se puede reponer del susto”, agregó.

“Y la policía bien gracias”, ironizó. “Vinieron como a las dos horas que había pasado todo. Así no se puede. Tiempo atrás estábamos más tranquilos con los agentes que andaban caminando. Pero como todo lo que funciona bien en este país, los sacaron. La sensación de desprotección que tenemos es total. No sé cómo vamos a seguir”, culminó.

 

Fuente: El Litoral

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