Por primera vez, una mujer se recibió de pilota comercial en el aeroclub Santa Fe

María José Gareli Fabrizi, con 25 años y al estudiar en paralelo ingeniería mecánica, se recibió la semana pasada e hizo historia.

María José Gareli Fabrizi tiene 25 años y recibió el miércoles pasado su carné de pilota comercial de avión. Una carrera que comenzó hace seis años, y en la que planea tener mucho futuro. Es la primera mujer del aeroclub Santa Fe, ubicado en el Aeropuerto de Sauce Viejo, que obtiene este título. Además, es la única socia de 50 miembros varones, y es parte de la comisión directiva del club. Es una feminista que busca en cada oportunidad difundir la aeronáutica para sumar e invitar a mujeres y disidencias a la actividad. En paralelo, está en el último año de la carrera de Ingeniería Mecánica en la Universidad Tecnológica Nacional y trabaja en marketing digital.

En diálogo con UNO Santa Fe, describió a la aviación con una cita de Julio Cortázar: “Como si se pudiese elegir en el amor, como si no fuera un rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio”. Aunque se esfuerza en no caer en retóricas románticas, y hasta místicas, las palabras que encuentra para describir su vocación no escapan del vertiginoso sentimiento que buscó y eligió entre hábiles maniobras y perseverancia. No tiene parientes, ni tuvo conocidos vinculados a los aviones, tampoco referentes famosos. Pero sí el privilegio de pequeña de viajar, cada tanto, en uno junto a su familia en vacaciones.

“No me importaba ni el destino, ni qué íbamos a hacer cuando lleguemos, yo flasheaba mucho con llegar al aeropuerto y vivir toda la experiencia aeronáutica y me di cuenta que me golpeaba el pecho”, describe apasionada. Formada en la Escuela Industrial Superior en la tecnicatura de mecánica, aprendió a habitar y avanzar sobre espacios colmados de varones. Se apasiona al hablar de física, matemática, termodinámica y el dibujo técnico para explicar cómo fue el embarque hasta la ingeniería, que espera sea una palanca más para poder vivir, literal y productivamente, del aire.

En relación a la carrera, describe que el primer paso es sacar el carné de piloto privado de avión, que requiere sumar 40 horas de vuelo en un lapso de dos años, que es una habilitación básica para fines recreativos o deportivos. La licencia de piloto comercial requiere 200 horas de vuelo, más exámenes teóricos, aunque sin tiempo límite y lo que habilita en términos generales es que quien conduce puede lucrar con la actividad. Cada hora de vuelo, acá y en cualquier parte del mundo, tiene un valor de 100 dólares. Aunque en el país se manejan con pesos y a costo del dólar oficial.

Majo, como le dice su círculo cercano, marca el lugar protagónico que tiene para ella su familia. Es la menor de cuatro hermanos, y la única mujer. Su padre trabaja en una empresa multinacional en el área de sistemas y su madre es una apasionada docente de matemáticas. Si bien desde los 16 años persigue el sueño de volar, al no conocer el ambiente aeronáutico asumió en un principio que tenía que mudarse a otra ciudad. Esos posibles altos costos y el desarraigo pusieron un freno en el arranque. Fue uno de sus hermanos, Matías, que a través de las redes sociales de un conocido, Nacho Cairol, descubrió el Aeroclub Santa Fe y celebraron juntos el primer vuelo de bautismo.

“Fue como que me había vuelto el alma al cuerpo porque de repente había una posibilidad de sostener mi estilo de vida ordenado, con la carrera que también me gustaba llevar, pero también hacer la aviación en simultáneo. Era la panacea, básicamente”, recuerda feliz. Y describe sobre su actividad como socia del Aeroclub Santa Fe: “En algún punto es como cualquier club. Tiene matrícula el ingreso y cuota societaria, entre otras cosas. Y tiene la particularidad de que al estar emplazado adentro de las instalaciones de un aeropuerto, no es que pasás caminando y podés ingresar. Hay que tener ciertos permisos y si no los tenés, tenés que entrar acompañado por una persona que los tenga. Se hacen autorizaciones especiales para entrar. Con Nacho hicimos eso, él me llevó y me hizo un vuelo de bautismo”.

“Dimos simplemente una vuelta por arriba de la ciudad de Santa Fe –a 1.000 metros de altura–, habrá sido un vuelo de media hora como máximo, estuvo relindo porque lo pude compartir con mi hermano en un avión cuatriplaza. Quien me llevó ya era piloto con experiencia y al saber que yo también quería ser piloto, que no es que iba solamente a pasear, me explicó, me contó un montón de cosas propias del avión y de la carrera. Fue una experiencia mágica, porque era algo que había intentado dejar dormir porque creía que no era para mí por un montón de razones y esto aparecía así como una luz ahí al final del túnel, que de repente empezó a iluminar”, cuenta sobre el vuelo con el que decidió hacer carrera.

Para lograr acumular las horas de vuelo, Majo tenía un ritmo promedio de un vuelo por semana. “Es todo muy relativo. Depende del propio deseo, del momento, de la disponibilidad económica. He hecho navegaciones de diez horas, y también de menos de una hora arriba de la ciudad de Santa Fe. Hay diferentes partes que hay que cumplimentar dentro de estas 200 horas. He ido de Buenos Aires hasta la Cumbre y vuelto en el mismo día. Estuve diez horas volando ese día, llegué y estaba lista para el desmayo, para abrir una cerveza, no daba más. Y por ahí volás menos de una hora porque vas a planificar una maniobra o un ejercicio superintenso y no podés estar un millón de horas volando, porque son muy demandantes”, explica sobre la actividad.

—¿Cómo es el paso a paso de la preparación de cada vuelo?

—Lo primero que chequeás para empezar es la meteorología, porque las condiciones tienen que estar aptas para que ese vuelo se pueda hacer. Hay restricciones meteorológicas, tanto para el aeropuerto, como para el avión, y también para tu propia licencia. Se reserva el aeronave con cierta anticipación en el aeroclub. Después es cuestión de hacer una buena planificación e ir para allá, tranquila, con tiempo antes. No soy de las personas que llegan exageradamente temprano a todos los lugares, a tiempo me parece bien, pero acá la filosofía es muy diferente. Es como cuando te vas de vacaciones en avión, son tres horas antes ir al aeropuerto. Si es de cabotaje el vuelo podés ir capaz dos horas antes, pero hay toda una previa, un ritual que se da en general alrededor de los vuelos.

“Por más simple que parezca la operación, siempre hay una preparación muy grande previa a un vuelo. Y es importante llegar con bastante tiempo antes, porque también es muy importante que la cabeza baje un poquito algunos decibeles antes de entrar al aeroclub, antes de subirte al avión. Porque si vas a arrastrar todo eso que por ahí uno trae de lo cotidiano, la agenda, el trabajo, la facultad, etc., te aseguro que en el vuelo se va a sentir”, continuó contando.

—¿Y el viaje cómo es? ¿Con el carné de piloto privado ya podés viajar sola o por sumar horas de práctica para la licencia comercial tenés que ir con alguien?

—Cuando ya te convertís en piloto privado hay varias etapas, pero en general podés volar solo o sola, o también podés volar acompañado por algún instructor. Todo tiene que ver con el tipo de vuelo que estás por hacer. Si vas en el vuelo a aprender cuestiones específicas de la licencia siempre tenés que ir acompañado de una persona que dé instrucción. Pero si vas a hacer un vuelo, por ejemplo, vas a navegar hacia otro lugar, o vas a hacer un vuelo por encima de la ciudad de Santa Fe, o un vuelo bautismo, lo que fuera, podés hacerlo sola también. Cuando sos socia del Aeroclub Santa Fe, tenés acceso a utilizar las aeronaves del club, obviamente con autorizaciones.

—¿Podés manejar cualquier avión? ¿Qué te habilita este carné?

—Con esta licencia, el paso más groso es la habilitación legal para lucrar con esta carrera. Ahora sí podés ejercer trabajos aéreos. No podés volar cualquier avión. Esta licencia en particular te habilita para volar aviones monomotores (un solo motor ) de hasta 5.700 kg. Es raro que exista un avión que lleve más de seis personas, máximo y que tenga un único motor. En general para abrir un poco el mercado laboral se hace la habilitación para aviones multimotores y se desplaza la categoría para poder volar aviones bimotores o cuatrimotores, que tienen más capacidad, más performance.

Uno de los momentos emblemáticos en la carrera es cuando por primera vez la conducción del avión está a cargo exclusivo y único de una misma. Majo cuenta que ese día lo recuerda con detalles y no podía dejar de sonreír. Fue en Cañada de Gómez, en un aeroclub que está muy cerca del Aeropuerto Rosario. Volaba con su instructora cuando le indicó que era su turno de volar sola: “Fue un hito porque ella confió en mí, en que estaba lista para navegar. Fui sonriendo todo el vuelo, aunque fueron solo unos minutos. Pero era el símbolo. Me acuerdo que vas haciendo la lista de chequeo, me lo tenía que hacer a mí misma y lo tenía que decir en voz alta, sonreía, me reía y estaba refeliz. La verdad que salió muy bien, simbólico, una vuelta de pista y volví a aterrizar a los minutos nomás, pero ese día fue como la primera conquista. Fue un momento bisagra y fue absolutamente feliz. Y fue un honor que una mujer me haya guiado en este proceso y confió en mí”.

En relación al futuro, la licencia que sigue, por ejemplo, para manejar un avión de aerolíneas comerciales requiere una experiencia de 900 horas de vuelo. Al implicar costos elevados y una importante demanda de tiempo en un contexto de crisis económica y reducción mundial de vuelos por la pandemia, María José evalúa otras opciones: “Hay licencias intermedias como instructoras de vuelo, que me interesa estudiar. Hay laburos que se pueden conseguir con esta cantidad de horas de vuelo. En este momento, mientras tanto porque no hay una oferta clara, para mí es importante seguir volando, capacitándome y las oportunidades van a ir viniendo y si no las iré a buscar. Pero por ahora sé que tengo que formarme y capacitarme en para salir un poquito más preparada al mercado”.

Con pocas mujeres en la aeronáutica local y con una larga tradición militar en la aviación a nivel nacional, UNO Santa Fe consultó sobre el ambiente en Aeroclub Santa Fe. “En el Aeroclub Santa Fe hoy yo me siento muy cómoda, lo siento mi segundo hogar. Es mi casa aeronáutica. Tengo vínculo con las personas con las que yo comparto cabina, que de alguna manera me mentorean, y con quienes más tiempo estoy y me están midiendo. Obviamente que estamos hablando siempre de varones cis porque soy la única mujer ahí. Estos instructores jamás de los jamases me han hecho sentir que yo debía demostrar algo más por el simple hecho de ser mujer, que es algo muy común cuando las mujeres entramos a un espacio que está creado por y para varones, que tengamos que demostrar un poco más para que ellos vean que nos lo merecemos. Como si la vara del mérito no fuera política, ¿no? Y con estas personas me he sentido francamente a gusto y hoy son amigos.

Y agrega: “Sí, es cierto que el aeropuerto, como cualquier institución, se ve atravesada por las mismas batallas que cualquier otra institución social, incluso las más progres, porque el contexto, social, cultural, histórico, nos atraviesa todo eso de alguna u otra manera. Y es cierto que hubo cosas que hubo que cambiar en algún momento, pero sí tengo que valorar mucho que el Club es una institución que con toda la carga histórica aeronáutica que tiene, es muy dinámica. Entonces ha permitido que las cosas que había que ir mutando muten y hoy ya estoy ahí y no solo pude hacer mi carrera profesional, sino que también conformo la comisión directiva, tengo vos, voto. Participo de decisiones. También se apuesta mucho por los jóvenes, pero que haya pibes de 20 años adentro de la Comisión Directiva para mí habla muy bien de la institución, para se puedan ejercer cambios, este lugar es muy bueno”.

“Por favor, quien quiera, pero si una mujer, o una persona disidente está interesada por la aeronáutica y no sabe por dónde empezar, se encuentra desorientada, que creo que es lo que nos ha pasado a todas las personas que empezamos por este carrera tan inusual y necesita una mano que me escriba porque la vida es muy corta para tener los pies sobre la tierra, cuando te nacieron alas. Para mí que estoy terminando de delinear mi misión en la vida, si es que algún día la termino de encontrar, pero me gusta la idea de pensar en un mundo que tenga más igualdad de oportunidades para todes”, concluye.

 

Fuente: Diario UNO

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