Macri, de la euforia del “efecto Pichetto” a la tensión por los cargos y los riesgos de extrema polarización

Tras el cimbronazo que generó al anunciar la fórmula con el peronista Miguel Angel Pichetto, el presidente Mauricio Macri quedó envuelto en una mezcla de euforia por el “efecto Pichetto” (que hizo bajar el dólar y el riesgo país y subir las acciones argentinas) y, por otro lado, en un clima de tensión con los socios radicales, por la negociación de las listas legislativas en todo el país y la pelea por la distribución de cargos institucionales.

 

La otra sorpresa electoral que preocupa a los estrategas de Casa Rosada es la confirmación -por ahora- de la fórmula que insiste en querer romper la grieta: la de Roberto Lavagna y Juan Manuel Urtubey. Esa propuesta, creen, podría restarle votos a Macri con los desencantados de clase media que sufren la crisis económica. Paradójicamente, esto terminaría beneficiando al kirchnerismo en la polarización.

Urtubey resistió los llamados del Gobierno para sumarse de un lado de la grieta (le dijo dos veces que “no” a ser compañero de fórmula de Macri).
Aunque no descartan un acuerdo de cara al balotaje para evitar que gane el enemigo en común.

Ahora, la Casa Rosada apuesta al rol de Pichetto para convencer a los peronistas no K a sumarse a la nueva alianza “Juntos por el Cambio”. ¿Lo logrará?

La nueva pelea por los cargos

Con la fórmula presidencial cerrada, Marcos Peña y Rogelio Frigerio encabezan las negociaciones con socios y aliados, que se multiplicarán hasta el 22 de junio, fecha de inscripción de candidatos ante la Justicia Electoral.

La mayor tensión es con los radicales que, tras quedarse sin el vice, reclaman a Macri la Presidencia de la Cámara de Diputados a partir de diciembre; un cargo que Macri ya prometió al ministro de Seguridad de María Eugenia Vidal, Cristian Ritondo. Extraña discusión que solo se materializará si Juntos por el Cambio gana las elecciones.

Con Pichetto en la presidencia del Senado, Peña ofreció a los radicales la Presidencia Provisional del Senado -segundo escalón en la sucesión presidencial- porque el PRO quiere para sí la Presidencia de la Cámara de Diputados. No por tratarse de la Tercera Línea de Sucesión, sino por la necesidad de tener alguien propio a la hora de buscar consensos para votar en el Congreso las reformas laboral, tributaria y jubilatoria, que planea Macri para un eventual segundo mandato. Esas reforman figuran en el compromiso con el FMI.

Alianzas en las provincias

Otro capítulo es la negociación por las listas de diputados y senadores de cada provincia para lo que el Gobierno prometió a radicales y a la Coalición Cívica de Elisa Carrió, renovar las bancas que se les vencen en diciembre a esas fuerzas políticas.

Si fuera posible, aumentar la cantidad de legisladores tratando de convencer a figuras “outsiders” a integrarse a la nueva alianza “Juntos por el Cambio”, como es el caso de Martín Lousteau, que fue propuesto para encabezar la lista de senadores en capital junto a Horacio Rodríguez Larreta.

Ese plan se completa con la intención de la Casa Rosada de cerrar alianzas con gobernadores propios y aliados que lleven una “lista corta” con sus propios candidatos a diputados nacionales y senadores, pero que indirectamente, impulsen o hagan un guiño a la fórmula presidencial Macri-Pichetto.

En eso están avanzadas las negociaciones con gobernadores aliados como Rafael Weretilneck (Río Negro); Omar Gutiérrez (Neuquén) , de Hugo Pasalaqua (Misiones) y el peronista Juan Schiaretti (Córdoba) quienes llevarían a sus candidatos a diputados y senadores nacionales con “lista corta”. Es decir, no pegarán sus boletas legislativas a ninguna fórmula presidencial, lo que beneficiaría -según sostienen en Casa Rosada- indirectamente a Macri.

¿Peronización del Gabinete en caso de ser reelecto?

En un gesto que algunos atribuyeron a dobles lecturas, el jueves Macri sumó a Pichetto a su primera reunión de Gabinete en Casa Rosada. Fue dos días después del anuncio de la fórmula que cambió el escenario electoral.

El encuentro se produjo en medio de rumores de cambios de gabinete antes de las elecciones que fueron desmentidos, el mismo día, en conferencia de prensa por los ministros Patricia Bullrich (Seguridad) y Alejandro Finocciaro (Educación).

Una de las versiones que circularon en las últimas horas fue un virtual ofrecimiento a Urtubey para que se integre como futuro Canciller.

También volvieron las versiones de un regreso a la mesa chica de decisiones, del todavía presidente de la Cámara de Diputados, el peronista Emilio Monzó, quien había sido marginado por los cortocircuitos con Marcos Peña, y había anunciado que no repetiría como candidato a diputado.

La foto que distribuyó Presidencia con Pichetto sentado junto a Monzó y al ministro del Interior, Rogelio Frigerio en la reunión de Gabinete del jueves, no fue al azar: ambos de extracción peronista, fueron sentados estratégicamente en línea, justo frente a Macri y a Marcos Peña, mientras redefinían los ejes de campaña y de Gobierno.

Los riesgos de la polarización

La gran pregunta es cuál de las tres fórmulas presidenciales -tanto del oficialismo como de la oposición- que llevan peronistas como Presidente o Vice- se llevará la mayor tajada de un peronismo que asistirá fragmentado en, al menos, tres fórmulas presidenciales: Macri-Pichetto, Fernández-Fernández, Lavagna-Urtubey.

Está por verse si estos acuerdos de cúpulas se traducen en apoyos concretos entre gobernadores y dirigentes peronistas de distintas provincias; y quiénes se terminarán alineando para uno u otro extremo de la grieta, generando la ultrapolarización a la que apostó el Gobierno al elegir a Pichetto.

Esa es la discusión a la que asistiremos no solo hasta el cierre de listas de candidatos, el 22 de junio, sino hasta las PASO del 11 de agosto cuando la sociedad asista a votar en la primer gran encuesta nacional.

FUENTE: a24.com / por Stella Garnica

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