Una meta inalcanzable que marcó la epopeya del futuro: así nació el primer subte de Buenos Aires

La ciudad fue la primera de América Latina en tener un ferrocarril bajo tierra. Revivir gratos recuerdos es como vencer a la muerte.

El primer número del famoso y ya desaparecido, diario Crítica salió el 15 de septiembre de 1913, poco tiempo antes del comienzo de la Primera Guerra Mundial. Eran 5.000 ejemplares de tan sólo 8 páginas. A pocos años de su nacimiento, Crítica se transformó en una fortaleza mediática.

De carácter popular y digámoslo también, sensacionalista, tuvo en su redacción a valores representativos de las letras argentinas como Jorge Luis Borges, Ulises Petit de Murat, Raúl González Tuñón, Edmundo Guiburg, Roberto A. Tálice y otros.

Fue dirigido por un periodista uruguayo, Natalio Félix Botana. Dos meses y medio después de su nacimiento, un acontecimiento muy especial conmocionó a los porteños: el 1° de diciembre de 1913, después de dos años de arduas tareas, los trabajos de construcción del subterráneo llegaron a su fin y el servicio pudo ser inaugurado en su primer tramo.

Los trenes de esa primera línea, denominada A, corrían desde Plaza de Mayo a Plaza Once bajo la avenida Rivadavia, con miras a su prolongación hasta Caballito, lo que años más tarde se concretó. La Ciudad de Buenos Aires fue la primera de América Latina en tener un ferrocarril subterráneo. Esta inauguración constituyó un auténtico y verdadero acontecimiento en el país.

El primer viaje del subte porteño

La primera “aventura” del subte contó con la asistencia de las máximas autoridades nacionales y municipales. Se notó la emocionada presencia del entonces presidente Roque Sáenz Peña, que había firmado el decreto para la construcción del subte. También estaba su vicepresidente, Victorino de La Plaza.

Las máximas autoridades nacionales en la inauguración de la línea A de subte.
Las máximas autoridades nacionales en la inauguración de la línea A de subte.

Solo 12 ciudades en el mundo contaban ya con este adelanto. Londres, Atenas, Estambul y París, entre otras. Nueva York lo tuvo en 1914, un año después que Buenos Aires.

Los vagones habían sido construidos en Bélgica y cada uno de ellos pesaba 30 toneladas y tenía 16 metros de largo. Todos contaban con puertas corredizas y una profusa iluminación.

El nuevo servicio transportaba 17.000 pasajeros por hora. Las formaciones se componían de hasta seis vagones, que poseían motores independientes, pero podían conectarse entre sí, como si formasen una sola unidad.

La velocidad que podían desarrollar estos trenes subterráneos era de 45 kilómetros por hora, pero como cada parada en las estaciones era muy breve, el viaje resultaba mucho más rápido que con los vehículos a nivel.

En ese año 1913, también se producía el comienzo de las obras para construir la luego muy famosa Avenida Diagonal Norte, desde plaza Mayo hasta plaza Lavalle.

Un paso gigante

La inauguración del subterráneo fue un paso gigantesco en la gran ciudad, transitada mayormente por coches lentos y tirados a caballo. La epopeya del futuro se cernía ya sobre los grandes edificios, que iban cayendo bajo la piqueta del progreso.

Las históricas formaciones de madera de la línea A de subte fueron reemplazadas por modernas unidades.
Las históricas formaciones de madera de la línea A de subte fueron reemplazadas por modernas unidades.

Ninguna otra capital del mundo exhibía tal orgullo ni tanta fuerza de evolución. Rindamos emocionado homenaje a aquellos hombres que creyeron en este suelo y que hoy el mismo suelo les suele brindar solamente olvido. Es que la ingratitud se expresa de mil maneras. Incluso con silencios. El país tiene para con esos visionarios una enorme deuda de gratitud.

Mi homenaje en forma de aforismo a esos hombres que marcaron caminos y que fueron los primeros en recorrerlos. Los que proyectaron el subterráneo y los que lo realizaron.

“Hay metas que parecen inalcanzables. Pero hay hombres nacidos para alcanzarlas”.

 

 

 

 

 

Fuente: TN

Relacionadas