La confesión de Lizy Tagliani: “Me siento una Susana del mercado negro”

Tiene un presente hiperactivo en tres frentes: radio (“El club del Moro”), televisión (“El precio justo”) y teatro (“Lizy, una chica diferente”).

Y todavía resuena su emotivo discurso en la entrega de los Martín Fierro. Perfil de una luchadora que tiene mucho humor.

Lizy Tagliani sabe bien lo que es el esfuerzo y tiene muy presente que se hizo bien de abajo. “Vengo del punto cero, nada puede ir para atrás”, dice. Por eso conserva el buen humor intacto a pesar del cansancio: se levanta a las 5 de la mañana para ir a la radio a hacer El Club del Moro (La 100), después conduce El precio justo (Telefe) y a la noche hace teatro con Lizy, una chica diferente, en el Multitabaris.

En su camarín, las paredes y el espejo están tapizados por dibujos y cartitas que le mandan cientos de chicos y chicas. “Desde siempre tuve buena onda con los niños. Creo que conectarme desde lo más natural con ellos hace que me quieran. Si hay que jugar con un vaso, juego con un vaso. No tengo miedo al ridículo y soy muy fantasiosa”, dice.

-¿Te sorprende el cariño que te demuestran los chicos?

-Bastante, y me pone feliz. Pero más feliz todavía porque si un niño me sigue y me escribe quiere decir que hay padres permeables a que el chico pueda tener una ídola trans, a que vean a la persona y su corazón, nada más. Es por lo que luché toda la vida. Antes que nada somos personas y merecemos todos el mismo respeto. La inclusión no tiene que ver con ser iguales sino con respetar los derechos de todos, cada uno con sus diferencias.

-¿Cómo eras de niña?

-Era tímida y a la vez muy sociable. Como ahora, que en el fondo soy una persona pudorosa, pero no me dejo avasallar. Cuando algo me produce timidez lo juego al doble de la exposición para poder salir de la situación. De niña me pasaba lo mismo con las cargadas. Si bajaba la guardia, iba a ser peor. Entonces para protegerme, me exponía más.

-¿Sufriste bullying?

-Siempre ha existido. Tengo 48 años y en mi época la vida estaba muy sectorizada y era un todos contra todos: yo era el maricón; el otro el gordo, el otro el negro, el pelado, la linda, la fea, la cheta, el groncho. Pero uno es todo: discriminador y discriminado. Todo depende del ojo con que lo mires y cómo te plantes en tu entorno. Podés no agredir, pero dejar que otros agredan. Yo volvía a mi casa a recuperar energía y, si no hubiera sido por eso, no sería la Lizy que soy. Me acuerdo una vez que una compañerita me dijo: yo te acepto como sos; yo volví feliz a casa y le conté a mi mamá. Y ella mi dijo: ¿quién es ella para aceptarte o no? ¿te preguntó si vos la aceptabas a ella? Uno no es un par de zapatos que te gusta o no. Ahí empecé a entender muchas cosas de la vida.

-Pertenecés a un colectivo muy vulnerable, el LGTBQ, históricamente agredido y maltratado. ¿Alguna vez sufriste acoso?

-La verdad es que nunca me sentí acosada, pero sí muchas veces tuve que negociar. Y por eso entiendo cuando algunas mujeres relatan un momento difícil de su vida y lo cuentan mucho después. Realmente no es fácil reaccionar en el momento. No me quedé con traumas, pero viéndolo con la perspectiva actual, digo: no sé si hubiera querido hacer tal cosa en ese momento.

-O sea que viviste situaciones de abuso de poder.

-Sí, creo que casi todos hemos pasado por eso alguna vez. Depende de tu personalidad es cómo te marca.

"Sé que todo va a llegar". Lizy Tagliani confía en su futuro sin olvidar sus orígenes. Foto: Fernando de la Orden.

“Sé que todo va a llegar”. Lizy Tagliani confía en su futuro sin olvidar sus orígenes. Foto: Fernando de la Orden.

-En la obra de teatro que protagonizás, contás tu historia. Están muy unidos la persona y el personaje.

-Todo fue muy natural, me construí a mí misma primero como persona y después apareció el personaje que me sirvió de herramienta. Sabía que podía gustar, le saqué dramatismo al hecho de poder reírme de mi bigote, de la voz, de mi pies grandes. Pero sucedió sin pensarlo porque si lo hubiera armado especulando con eso para hacerme conocida, no lo hubiera podido sostener. Ahí se abrió una puerta que no se puede volver a cerrar.

-Encontraste una manera muy personal de mostrar tu identidad.

-Sí, y no sólo hago hincapié en el género, hablo también de mis rasgos físicos, de mis orígenes. Pero es algo que lo hice siempre porque heredé el humor de mi madre. Y también, igual que ella, soy nostálgica.

-”El precio justo” empezó el 4 de febrero y ya es uno de los comodines de Telefe, funciona a cualquier día y hora, con grandes y chicos, con famosos. ¿Cómo llegó a eso tu ciclo en tan poco tiempo?

-Me impresiona que suceda eso, estoy orgullosa. Y agradezco al canal por darme el lugar. Si yo estoy al frente de este programa, cualquiera puede jugar. De verdad no hay ningún requisito. Si algún participante, en algún momento tiene miedo, le digo: tranquilo que si puedo yo, todo es posible. No hago hincapié en nada de los participantes, solo en que quieren jugar. Estamos todos a la par, es algo empático.

-Empatía es la palabra clave. Vos la ejercés todo el tiempo.

-Tal cual. Y por eso también pasa lo que pasa con los niños. La premisa es que sean libres. Eso es lo que más me gusta del programa.

-Cuando empezaste dijiste que no tenías referentes, ¿cómo te ves ahora como conductora?

-Me siento una Susana del mercado negro a la hora de conducir. Y le dije a ella que por favor no crea que es una imitación.

-¿Eso es porque te salen algunas cosas un poco “susanescas”?

-Y, sí, desde que apareció Hola, Susana es que quiero ser Susana, pero porque toda mi generación está marcada por su imagen. En realidad, soy un cúmulo de mujeres que desembocan en el desparpajo inteligente que tiene ella. Me gusta su color, su forma. Eso de traer lo que te pasa en el momento, no tapar el error y usarlo a favor. No es imitación, es amor. Es como querer parecerme a mi mamá. También soy un poquito de todas las mujeres que pasaron por mi peluquería. Por momentos soy Nicole (Neumann), cuando me enojo. No por lo linda, pero conviví con ella mucho y te quedan cosas. A todos nos pasa, pero en mí se nota mucho.

-¿Te imaginás en el futuro conduciendo otros formatos que no sean de entretenimiento?

-La verdad es que todavía no me lo planteé, no tengo espíritu muy chusma, digamos, y no podría hacer entrevistas incisivas, por ejemplo. Aprendí algo con Vero Lozano, pero no es lo que más me llama. Por ahora soy más de entretener.

x

-¿Y cómo te ves como actriz?

-Me encanta la actuación. Me gustaría mucho hacer de una malvada o un personaje que no tuviera nada que ver conmigo, como una mujer licenciada en lengua y literatura y especialista en ingeniería hidráulica. (Risas). No es el momento, pero ya va a llegar.

-Si mirás unos años para atrás, ¿te asombra todo lo que lograste? En ese sentido, ¿qué imaginás hacia el futuro?

-Es increíble. De hecho, éste tal vez sea el mejor momento de mi carrera. Pero momentos felices, para mí, son todos. Desde donde yo puedo contar mi vida, todo ha sido un poquito mejor cada vez. Entonces todo fue para felicidad . Quiero ganar la batalla cómodamente. Si tengo dos pesos, me gusta algo de dos pesos. Si tengo mil, me gusta algo de mil.

-Eso habla de una gran capacidad de adaptación y aceptación de tu parte.

-Sí, porque sé que todo va a llegar.

-Estás acostumbrada a hacer reír, pero en la última entrega de los Martin Fierro emocionaste a todo el mundo recordando tu historia y diciendo que los pobres sólo necesitan oportunidades para poder salir adelante. ¿Es tan importante hacer reír como emocionar?

-Me gusta que suceda todo. Eso fue una descarga que me surgió sin pensarlo, realmente todos merecemos que alguien nos abra una puerta. Toda mi vida es tremenda pero depende de cómo tenga ganas de contarlo, la gente se puede reír o llorar. La verdad, a mí me gustaría poder hacer pasar a la gente por todos los estados.

Lizy x3:  Lizy Tagliani está en El Club del Moro (La 100); Lizy, una chica diferente en el Multitabaris Comafi, junto a Las Bandana y en tele con El precio justo, de lunes a viernes y El precio justo famosos (Telefe), los domingos.

Relacionadas