Kawhi Leonard y Stephen Curry, las figuras que se disputan el trono en la NBA

Las estrellas de Golden State y Toronto liderarán a sus equipos, en busca del título y del premio al Jugador Más Valioso.

Cuando este jueves, en territorio canadiense, Toronto reciba aGolden State en la primera final de la NBA, que se jugará el mejor de siete partidos, las miradas estarán puestas en dos estrellas: Kawhi Leonard, amo y señor del juego de Toronto, y Stephen Curry, el eléctrico líder de los Warriors. Dueños de personalidades distintas pero con el mismo temperamento ganador, de ellos dependerá gran parte de las chances de sus equipos. Por eso es interesante conocerlos en profundidad…

Stephen Curry, el talento que se nutre de sentirse menospreciado

“Cuatro de los seis partidos los jugué muy bien para mis estándares. Debo repetirlo en el séptimo juego: es lo que hacen los grandes”.

Stephen Curry dijo esas frases antes del partido decisivo de las finales de la NBA de 2016. Se quedó en ellas, porque sólo anotó 17 puntos, con 6 lanzamientos acertados sobre 19 (4 de 14 en triples) y dio 2 asistencias en la noche que Golden State dilapidó su ventaja de 3-1 ante Cleveland y LeBron James se llevó la gloria a su Ohio natal.

Un año antes, la aparición voraz de Andre Iguodala había privado al base del premio al Jugador Más Valioso de la final ganada por los Warriors en 2015, que tranquilamente podría haber terminado en las manos de Curry. La eficacia con la que Iggy marcó a James pesó más en los votantes. Fue debatible y llamativo: nunca un jugador no titular había sido MVP de una final.

Stephen Curry, líder anotador y espiritual de Golden State Warriors.
Foto: AFP

Stephen Curry, líder anotador y espiritual de Golden State Warriors. Foto: AFP

 

En los dos años siguientes, Curry continuó a la sombra de Kevin Durant, como podría pasarle a cualquiera. No por nada el alero de los Warriors suele sentarse a la mesa de LeBron y probablemente sea el único al que se lo puede poner casi a la misma altura. Algunas apariciones en momentos determinantes fueron las que catapultaron a Durant a la condecoración como MVP.

Sin embargo, el rendimiento de Curry fue de altísimo nivel en ambas definiciones. En 2017, promedió casi un triple-doble, con 26,8 puntos, 9,4 asistencias y 8 rebotes, además de 2,2 robos. En 2018 anotó 27,5, dio 6,8 asistencias y capturó 6 pelotas en los tableros. No alcanzó. ¿Le alcanzará alguna vez al base de los Warriors para tomarse revancha y ganar el premio que más desea?

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“Me he dado cuenta de algo: de cómo la gente, una vez que alcanzaste cierto nivel de éxito, cree que el sentimiento de menosprecio empieza a irse. Y que una vez que lograste algo como un objetivo máximo, se va para siempre. ¿En mi experiencia? La verdad, en tu cabeza, nunca se va. En la mía, ni siquiera disminuye”. En primera persona, Curry escribió en enero esta cruda reflexión sobre cómo se autopresiona para The Players’ Tribune, la famosa plataforma en que los deportistas plasman sensaciones desde sus entrañas.

 

Stephen Curry, campeón de la NBA en 2018.
Foto: EFE

Stephen Curry, campeón de la NBA en 2018. Foto: EFE

 

Su enumeración sobre el peso de sentirse menospreciado desde su llegada a la NBA es descarnada. “No se me fue en 2010, tratando de que cinco equipos se lamentaran de sus decisiones en el draft. Tampoco en 2011, tratando de demostrar que valía más como jugador que como moneda de cambio. Tampoco en 2013, tratando de estar a la altura de una extensión de contrato que muchos creían que no merecía. Ni en 2014, tratando de probar que los que decían ‘el estilo de juego de Curry no va para los playoffs’ estaban equivocados”, escribió Steph.

“No se me fue en 2015, tratando de probar que los que decían ‘el estilo de juego de Curry no va para las finales de la NBA’ estaban equivocados. Tampoco en 2016, tratando de romper el récord de 72-9 de los Bulls. Ni en 2017, intentando entender cómo los Warriors habían desaprovechado el 3-1 ante Cleveland. O en 2018, tratando de superar muchas lesiones, a un equipazo de los Rockets y a lo que fuera que se cruzara en el camino. Ni siquiera se me fue en este 2019, tratando de mantenernos afuera mientras la gente nos quiere enterrar vivos“, graficó Curry para que lo leyeran todos.

 

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“Ese menosprecio nunca se me fue: sólo se volvió más parte de mí”, agregó, antes de cerrar describiéndose a sí mismo. “Si aprendés a domar ese sentimiento que el mundo quiere imponerte, puede volverse un sentimiento que vos le impongas al mundo. Estoy empezando a ver algo en ese chico. No lo pasen por alto: es un asesino”, aseguró.

Stephen Curry ya avisó. Con Durant marginado por una distensión en los gemelos (no tiene fecha definida de retorno), todo conduce a que sea su momento en la final contra Toronto. El combustible del cual nutrirse ya lo tiene. Desde hace rato. Y tal vez ahí radique su secreto.

Stephen Curry, con el trofeo Larry O'Brien como campeón de la NBA en 2015.
Foto: AFP

Stephen Curry, con el trofeo Larry O’Brien como campeón de la NBA en 2015. Foto: AFP

 

Kawhi Leonard, el crack silencioso que habla con su jerarquía

Dicen que llegar es fácil y que lo díficil es mantenerse. Cuánto más complejo será entonces llegar, no sostenerse e igualmente volver a la cima. Kawhi Leonard quiere convertirse en ese hombre que lo pruebe posible. Es el líder detrás del que se encolumna no sólo Toronto, sino probablemente toda Canadá, para darle un poco de vida a una NBA que desde hace rato tiene a los mismos protagonistas sentados en el trono: Golden State, el rival de los Raptors en la final que comienza este jueves.

Kawhi Leonard, amo y señor de Toronto Raptors. 
Foto: AP

Kawhi Leonard, amo y señor de Toronto Raptors. Foto: AP

 

En tiempos de total exposición, en la que muchos deportistas, especialmente las estrellas de la NBA, son noticia por lo que sucede más allá del campo de juego, los artículos y los informes sobre Leonard difícilmente trasciendan lo basquetbolístico. No está exento de ser carne de debate, claro, pero lo suyo suele reducirse a lo deportivo.

Ese bajo perfil de Kawhi da cuenta de que “habla en la cancha”. Fue, de hecho, el slogan que eligió la franquicia para presentarlo y está lejos de ser un eufemismo. Por caso, habló con la pelota en las manos una noche después de que su padre fuera asesinado.

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Mark, de 43 años, había caído abatido en su lavadero de autos en Compton, Los Angeles, víctima de un asesino que sigue sin ser identificado. Kawhi, con 16, saltó a la cancha en la que Riverside King hacía de local para anotar 17 puntos, pese a la caída de su secundaria contra Compton Dominguez. Tras el partido, se quebró en un abrazo de su mamá.

Kawhi Leonard, cuando volvió a San Antonio para enfrentar a su ex equipo.
Foto: AFP

Kawhi Leonard, cuando volvió a San Antonio para enfrentar a su ex equipo. Foto: AFP

 

Ya convertido en una figura de la NBA, en sus últimos pasos en San Antonio no se habló de nadie tanto como del alero. No era para menos: con apenas 22 años, se cargó a LeBron James en unas finales para darle el título al equipo de Gregg Popovich y ganar el premio al Jugador Más Valioso, combinando habilidades en ataque y defensa que casi no tienen comparación en la actualidad.

Doble ganador del galardón al Mejor Defensor del Año (2015 y 2016), difícilmente haya en la liga un mejor “two-way player”, como se les dice a quienes mezclan capacidades ofensivas y defensivas.

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Aquella relación idílica con los Spurs se empezó a resentir con una lesión en el cuádriceps derecho que no terminaba de sanar con el correr de los meses. De las inquietudes por el físico se pasó a la sospecha de que todo era un ardid del jugador para forzar un traspaso. Kawhi jugó apenas 9 partidos en la campaña 2017/18.

No se salió con la suya porque R.C. Buford, factótum de San Antonio, encontró en Masai Ujiri, colega manager de Toronto, un interesado en hacerse con la ficha de un jugador que a mediados de 2019 se convertiría en agente libre. Pero las dudas no se disipaban: ¿y si realmente su cuerpo ya no era el mismo? ¿Y si lo era pero tampoco quería jugar en los Raptors, acusación que ya le había caído en Texas?

Kawhi Leonard, cuando jugaba con Manu Ginóbili en San Antonio.
Foto: EFE

Kawhi Leonard, cuando jugaba con Manu Ginóbili en San Antonio. Foto: EFE

 

Con juego, Leonard despejó todos los interrogantes: 26,6 puntos, 7,3 rebotes (mejores registros de su carrera), 3,3 asistencias y 1,8 robos de promedio por partido en la fase regular lo convirtieron en la cara de Toronto.

Y si algo más debía hacer era darle el salto de calidad definitivo al equipo, caracterizado por flaquear en momentos clave. En los playoffs promedió 31 puntos, 8,8 rebotes y casi 4 asistencias.

Pero lo suyo pasó por los intangibles: condujo al grupo a sacarse de encima a las jóvenes figuras de Philadelphia e hizo un desgaste gigantesco al encargarse de la defensa de Giannis Antetokounmpo cuando el entrenador Nick Nurse, quien en principio lo había desligado de esa tarea para liberarlo en el ataque, le encomendó la marca del crack de Milwaukee. Todo esto, según deslizó su compañero Danny Green, con importantes molestias en una de sus rodillas.

Kawhi Leonard buscará destronar a los indiscutidos reyes de la NBA. Ya lo supo hacer ante los Miami Heat de LeBron, Dwyane Wade y Chris Bosh. ¿Cómo descartar la posibilidad de que un MVP de las finales lo haga de nuevo?

FUENTE: lanacion.com.ar

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