Es insoslayable esa referencia al violentísimo golpe que le aplicó Leyendeker a Zeballos y le lesionó el tobillo derecho, motivando su inmediato reemplazo por Sebastián Villa, para analizar el desarrollo del resto del encuentro prácticamente en su totalidad.

Es que además de ser un rival de una categoría inferior, el conjunto dirigido por Diego Osella se ubica en el 25to. lugar entre los 37 participantes del campeonato de la Primera Nacional, y este era de por sí un condicionante mayúsculo acrecentado porque además debió jugar casi todo el encuentro con un hombre menos.

Sin embargo, esa aparente superioridad en calidad y también en cantidad, no se notó a lo largo de todo el encuentro de la manera en que Boca la tendría que haber expresado, ratificando el camino irregular por el que sigue transitando desde que Hugo Ibarra se convirtió en el reemplazante de Sebastián Battaglia.

Y prueba de todo ello fue que el tanto boquense llegó de una pelota parada, cuando un tiro de esquina lanzado por Sebastián Villa, reemplazante del lesionado Zeballos, fue conectado de volea por Guillermo “Pol” Fernández ganándole la posición al también ingresado Lucas Vesco dentro del área del “sojero”.

La referencia tiene que ver con que por superioridad colectiva, individual y cuantitativa, tendría Boca que haber generado las opciones de gol suficientes como para terminar tranquilo ya no el partido, sino ese mismo primer tiempo.

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Pero este equipo de Boca pasó por Salta para colmar el Padre Martearena y firmar autógrafos o sacarse selfies con sus hinchas locales más que para jugar al fútbol, y entonces increíblemente terminó sufriendo y Agropecuario a punto estuvo de empatarlo en los minutos finales del encuentro, y especialmente en la última acción, cuando se jugaba el cuarto minuto de descuento y el ingresado Mateo Maccari le pifió a la pelota abajo del arco, con Javier García, hoy reemplazante de Agustín Rossi, sin posibilidad de reacción.

El enojo manifiesto de García para con sus compañeros fue el fiel reflejo de lo que fue durante la mayor parte del partido y terminó siendo su equipo, mientras Darío Benedetto, que vio acción promediando el complemento, como suele ocurrirle muchas veces, fue a pelearse con el técnico de los “verdirrojos”, Diego Osella, y le pegó con el revés de la mano derecha a un rival, lo que hubiese merecido su expulsión y no la tarjeta amarilla que le mostró el novel árbitro Maximiliano Ramírez.

Pero con ese poquito que mostró, a Boca le alcanzó para pasar a los cuartos de final, donde esperará por Quilmes o Deportivo Madryn para conocer su próximo rival en este camino de la defensa del título de este certamen que ya se adjudicó en la edición anterior al superar en la final a Talleres, de Córdoba.

Y lo de Agropecuario fue más que digno, dadas las circunstancias, porque además agudizó las dudas de su rival, que tuvo como pocas veces en el banco de suplentes al hombre que concentró todas las miradas, el arquero Agustín Rossi, que por no querer renovar su contrato provocó en las últimas horas la llegada sobre el cierre del libro de pases de Sergio Romero.

Seguramente esta victoria, chiquita pero victoria al fin, le permitirá apagar cualquier fuego que se haya encendido a partir de este asunto, porque así es Boca y lo será hasta la próxima vez.